jueves, 26 de septiembre de 2013


El hastío 

Aquella noche solo le restaba su miseria. La lluvia caía despacio sobre su lánguido cuerpo, indolente. Su pálido rostro se reflejaba sobre los charcos de la lúgubre calle vacía. Las manos heladas. Caminó sin rumbo solo escuchando la soledad de sus pasos asfixiantes. Encendió su último cigarrillo y saboreo el dulce aroma del tabaco tratando de engañar su angustia y arrebatarle un soplo m
ás de vida. Lo que buscaba a cada instante, sin saberlo, era la muerte. Prefería ignorarlo, era menos doloroso para él. Un fútil y leve descenso hacia el vacío. La mirada vaga y fría; la respiración desesperada. No dice una palabra, calla. El silencio agobiante, la mente que no para de ladrar. A lo lejos, una hermosa dama de negros cabellos toca las desafinadas notas de un viejo saxofón; la mira con sus ojos tristes, demacrados. Por instantes siente la ilusión de que aún es capaz de sentir y apreciar lo bello: el caos cotidiano, la eternidad del momento, lo fugaz de la vida. No deja de pensar en que solo le importa el hoy, porque el mañana aún es incierto y no le pertenece.vi

jueves, 19 de septiembre de 2013

La dama del vestido blanco


Ella colocó la cocaína sobre la mesa de cristal; de su bolsillo extrajo una pequeña navaja para cortarla-lucía hermosa en aquel vestido blanco- con sumo cuidado preparó dos líneas nada despreciables, enrolló un billete e inhaló sin disimulo. Me levanté, coloqué la mirada al horizonte. La ciudad lucía imponente desde la ventana de aquel departamento. El ambiente era lúgubre, frío. Solo una pequeña lámpara alumbraba su pálido rostro y aquellos ojos tristes que tanto me excitaban. Me acerqué a ella, comencé a besarle. Acaricié la blanca piel de su maduro cuerpo, la despojé de sus bragas, y nos entregarnos a los brazos de la noche.

martes, 17 de septiembre de 2013

La espera del efímero segundo


Extasiado después de aquella noche donde amanecimos ebrios de sexo, veo su caminar desnudo por la habitación. Mis estúpidos ojos no pueden evitar mirar su candente culo ir de un lado a otro mientras su boca sostiene -bajo los hermosos carnosos labios rojos recién pintados- un cigarrillo de "crogiolo".
No puedo dejar de magrear con avidez su cuerpo haciendo que regrese a la cama para darle un follón más; sencillamente es una "diosa" cuando nos entregamos a los placeres del momento. Extasiado, poso la mirada en el horizonte, tomo la ropa, me visto, para jamás volverla a ver.