jueves, 19 de septiembre de 2013

La dama del vestido blanco


Ella colocó la cocaína sobre la mesa de cristal; de su bolsillo extrajo una pequeña navaja para cortarla-lucía hermosa en aquel vestido blanco- con sumo cuidado preparó dos líneas nada despreciables, enrolló un billete e inhaló sin disimulo. Me levanté, coloqué la mirada al horizonte. La ciudad lucía imponente desde la ventana de aquel departamento. El ambiente era lúgubre, frío. Solo una pequeña lámpara alumbraba su pálido rostro y aquellos ojos tristes que tanto me excitaban. Me acerqué a ella, comencé a besarle. Acaricié la blanca piel de su maduro cuerpo, la despojé de sus bragas, y nos entregarnos a los brazos de la noche.

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