“Los
ojos no pueden conocer la naturaleza de las cosas”
Lucrecio
Comunicando en la era digital
Los
cambios experimentados por el hombre a través de su existencia se han visto
enmarcados por una constante evolución y la tecnología no ha sido la excepción.
El ser humano se ha valido de la misma para subsistir y cubrir sus necesidades
con el paso del tiempo. La tecnología supone una extensión de la esencia humana;
de la realidad en la que vive, permitiéndole redescubrirse paso a paso y revelar
así el mundo que le rodea.
Hoy, el ser del siglo XXI se encuentra situado en la era digital, en donde sus aristas evolutivas son enormes. Los límites comunicativos no existen, solo la moral y la ética regulan los mismos en esta nueva sociedad expandida. En cada click se abre la posibilidad de visitar un nuevo mundo, de ser navegantes descubriendo una infinita marea de posibilidades en la red.
Internet ha sido absorbido por el mundo como una herramienta de uso común. Suya es la obra, pero a la vez permite tener una nueva visión cultural sobre las personas que la emplean, de sus interacciones y de sus construcciones sociales, siempre en constante evolución. Hoy como seres virtuales vamos dejando infinidad de huellas por el mundo digital.
Julián Woodside hablaba acerca de cómo internet es un mero reflejo de la sociedad, de sus pautas de comportamiento y evolución a través de las nuevas tecnologías de información en comunicación (TIC). Lo subraya acertadamente el catedrático Jesús Galindo: “El ciberespacio es un escenario donde múltiples sistemas de información tienen un nuevo nicho para difundirse, a gran velocidad, con impecable fidelidad”.
Internet puede definirse como una red informática de ámbito mundial que, globalmente, ni pertenece ni está controlada por nadie; es un medio electrónico de comunicación e información, por tanto altera la forma de pensar y de actuar del hombre.
La información ha transformado nuestro modo de vivir, de pensar, de producir, de consumir y de morir. Grandes descubrimientos ha enmarcado al mundo, la introducción del alfabeto, la imprenta de Gutenberg, y ahora puede decirse que Internet encarna los valores libertarios de su creación, ya que es una ampliación tecnológica de la esencia humana.
Esencia es la constante construcción del ser. El ser humano es cambiante, adaptable a los tiempos, modas y tecnología. Internet nos crea la sensación de una nueva identidad, un refugio en el cual podemos sentirnos a salvo de los ajetreos cotidianos, una válvula de escape donde se adquiere una nueva personalidad detrás del ordenador.
Dentro de la denominada red de redes convergen diversidad de pensamientos y se persiguen infinidad de objetivos particulares o colectivos. Se ha introducido un nuevo lenguaje y se han establecido neoculturas. Es una nueva forma de organización social que tiende a expandirse por todo el planeta, transformándolo en una nueva ciudad.
No debe negarse que internet es un mundo de información y nuevos horizontes. Los peligros que implica adentrarse en este mar de posibilidades están a un click de distancia. Es menester establecer que la red no es algo distinto al mundo real, únicamente debemos percibirla como una extensión del mismo. No deja de ser un pequeño mundo que se expande día con día; pero este mundo es absolutamente humano.
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